Una empresa de encuestas ha admitido que las cifras que publicó fueron fabricadas y ha descrito el trabajo como un experimento. La admisión, publicada el 21 de octubre de 2026, gira en torno a las cifras que la empresa había presentado como resultados de encuestas.1,2,3
La confesión importa porque las cifras de encuestas se usan con frecuencia para medir la opinión pública, y su credibilidad depende de que reflejen un trabajo de encuestas real. Al reconocer que sus cifras no eran auténticas, la empresa ha planteado dudas sobre todos los resultados que publicó, aunque la cobertura revisada no precisó cuántos resultados abarca.1,2,3
The Washington Times y Breitbart usaron palabras distintas para describir el proyecto de la empresa. The Washington Times escribió que la firma afirmó que se trataba de un "proyecto experimental", mientras que Breitbart escribió que la empresa dijo que era un "experimento social". Ambos textos atribuyeron la descripción a la propia empresa.1,2
The Guardian informó de que la encuestadora presentó la fabricación como una forma de exponer las deficiencias de la industria de las encuestas. Su titular describía la admisión como la fabricación de datos para un "experimento social" destinado a exponer esas deficiencias, un enfoque que los demás textos no compartieron en sus titulares.3
Los medios también difirieron en la forma de calificar las cifras. The Washington Times llamó "falsa" a la empresa y dijo que sus cifras eran "fraudulentas", Breitbart describió los datos como "falsos" y The Guardian afirmó que la empresa los había "fabricado". Cada término apunta a la misma admisión, pero la elección de palabras varió entre los textos.1,2,3
The Washington Examiner adoptó una visión más amplia en un comentario titulado "La industria de las encuestas sigue cayendo en (y promoviendo) encuestas falsas". El artículo sostiene que la industria se ha visto repetidamente involucrada en la circulación de encuestas falsas, y sitúa la admisión de la empresa dentro de ese patrón más amplio.4
Varios hechos básicos no se conocían todavía por la cobertura. Los textos no establecieron qué encuestas o clientes se vieron afectados, cómo se produjeron las cifras ni cuándo comenzó la fabricación. Tampoco estaba claro si la empresa había publicado su propio relato detallado de sus métodos.1,2,3,4
Los textos no dijeron si alguna organización de encuestas, medio de comunicación o grupo profesional había empezado a revisar el trabajo de la empresa o los resultados que publicó. Tampoco indicaron si la empresa planea corregir o retirar cifras concretas.1,2,3
Queda por ver si la empresa ofrecerá más explicaciones sobre su proyecto y cómo se tratarán sus resultados por quienes los utilizaron. La cobertura revisada no incluyó respuestas de representantes de la empresa, y no estaba claro cuándo o si esas respuestas se harían públicas.1,2,3,4