Los israelíes votan el martes en unas elecciones legislativas que pondrán a prueba si el primer ministro Benjamin Netanyahu puede mantenerse en el poder, después de que los sondeos finales de tres grandes cadenas de televisión israelíes proyectaran a su coalición muy por debajo de la mayoría.1,4,5
Son las primeras elecciones parlamentarias desde los ataques del 7 de octubre, y se presentan 39 partidos, aunque en esencia solo hay un nombre en la papeleta: Netanyahu, que ha dominado la política israelí durante tres décadas y es el primer ministro con más años en el cargo del país. Su campaña ha presentado la votación como una cuestión existencial para los israelíes.1,5
El 24 de octubre, decenas de miles de personas marcharon por Tel Aviv y se reunieron en la Plaza de los Rehenes (Hostages Square) para exigir una comisión estatal de investigación sobre los ataques del 7 de octubre. “¡No podemos ser una dictadura!”, dijo una mujer. “Y no podemos tener a estos criminales dirigiendo nuestro país”.1
La división en torno a Netanyahu se deriva de cambios que relegaron al poder judicial, de un juicio en curso por cargos de corrupción y de acusaciones de que no atendió advertencias previas sobre el 7 de octubre. Netanyahu denomina a los cambios judiciales “reforma judicial” para frenar lo que él llama con frecuencia una “dictadura judicial” que gobierna sobre los cargos electos, y niega haber cometido irregularidades en los casos de corrupción.1,5
En un mercado a las afueras de Tel Aviv, el propietario de un restaurante, Benny Abraham, fue preguntado por su voto. “Likud y Bibi Netanyahu”, respondió. “Bibi puede con todo el mundo”, afirmó Abraham. “Bibi es carismático. Tiene una voz potente. El mundo lo adora”. Y añadió: “Es el rey de Israel”.1
Otros en el mercado se mostraron más críticos. Liat, cuyo marido es Sharon, dijo: “No lo odio, vale, creo que hizo cosas buenas por Israel, pero nada más”. Sharon describió a Netanyahu como “más o menos un político muy bueno, pero no un [buen gestor]”.1
Margalit Moses, de 80 años, dijo que no siente que el primer ministro la proteja. Fue secuestrada por Hamás el 7 de octubre, y casi un tercio de los residentes de su kibutz, Nir Oz, fueron asesinados o capturados. “Espero que la gente entienda que tenemos que cambiar el Gobierno para que el nuevo sea más de centro, o un poco más a la izquierda”, dijo. “Vamos a cambiar la opinión que se tiene en Israel sobre los árabes. Si podemos hacer las paces con ellos y vivir en paz con ellos, para mí es muy importante”.1
El principal rival es Gadi Eisenkot, exjefe del Estado Mayor del Ejército cuyo hijo murió combatiendo a Hamás poco después de que comenzara la guerra de Gaza. Eisenkot abandonó el Gobierno de Netanyahu en 2024, acusándolo de prolongar la guerra y retrasar un acuerdo de rehenes para contentar a sus socios de coalición de derecha. Las encuestas sitúan a su partido con una ventaja clara, pero probablemente necesitaría una coalición con al menos otros cuatro partidos.1
La analista política Dahlia Scheindlin afirmó que Eisenkot “representa lo anti-Bibi, algo más pragmático”, y que es poco probable que cambie de rumbo de forma drástica en las guerras de Gaza e Irán, los asuntos que más preocupan al presidente Trump. Dijo que los israelíes esperan que forme un Gobierno sin extremistas religiosos ni populistas ultranacionalistas de derecha, y que quiere establecer una comisión estatal de investigación sobre el 7 de octubre y reclutar a los ultraortodoxos, a lo que calificó de “dos asuntos abrumadores en la vida israelí”.1
El presidente Trump respaldó a Netanyahu en una publicación en Truth Social el domingo pasado, tras semanas de vacilación, y sugirió que su derrota tendría consecuencias para las relaciones entre Estados Unidos e Israel. Axios informó, citando a una fuente estadounidense y a una fuente israelí informada del asunto, que Netanyahu había suplicado a Trump en los últimos días un mayor apoyo público. La fuente estadounidense afirmó que la Casa Blanca vio ese cabildeo como una “señal de desesperación”. Neta Molcho, portavoz del Likud, negó que el primer ministro pidiera a Trump que apoyara su campaña “en los últimos días o antes de su declaración de respaldo”. La Casa Blanca no respondió a una solicitud de comentarios.1,4
Tres grandes cadenas de televisión israelíes publicaron sondeos finales el viernes, todos ellos proyectando 50 escaños para el bloque de Netanyahu en la Knéset de 120 miembros, 17 menos de los que tiene actualmente su coalición, y 20 escaños para el Likud, que ahora tiene 32. Los sondeos dieron al bloque opositor de Eisenkot entre 52 y 56 escaños, y a dos partidos árabes israelíes entre 14 y 16. El canal pro-Netanyahu Canal 14 (Channel 14), la excepción más destacada, proyectó en un sondeo anterior de esta semana 60 escaños para su bloque y 30 para el Likud.4
Un funcionario estadounidense describió el respaldo como una victoria para Trump gane quien gane, y algunos de sus asesores ven una oportunidad para su agenda en Oriente Medio en un Gobierno israelí encabezado por otra persona. En Metula, una localidad en la frontera de Israel con el Líbano, el alcalde dejó de izar la bandera estadounidense tras el respaldo.2,3,4
Netanyahu entró en la escena política central de Israel a principios de los años noventa al avivar la ira ante posibles acuerdos de paz con los palestinos y Siria. Líderes políticos israelíes lo han acusado de incitar el clima que motivó el asesinato en 1995 del entonces primer ministro Yitzhak Rabin, algo que él niega. Ganó las elecciones de 1996 y se convirtió en el primer ministro más joven de la historia de Israel. Tras el 7 de octubre, Ronen Bar, que era jefe del Shin Bet en 2023, lo demandó por difamación por desviar la culpa hacia el aparato de seguridad.5
Pese a los sondeos, Scheindlin afirmó que todavía existe la posibilidad de que Netanyahu siga siendo primer ministro dentro de un año. “Por supuesto. Es el maestro en ingeniería de políticos y en negociaciones de coalición. Tiene más experiencia que nadie en orquestar el sistema político dentro de los límites legales. Así que, desde luego, podríamos encontrarnos en una situación en la que Netanyahu sea primer ministro dentro de un año”.1